Agonía

Martín Castro Masaveu · Oviedo 

Mi abogado se había esfumado y en la soledad de mi celda el sobreseimiento iba tornando en ilusión inalcanzable cada minuto que empujaban las agujas. Y aquella fotografía era mi única compañera. Y no había un argumento concreto y no existía una causa previa. Y tan solo el arrebato por el falaz remordimiento podía empujarme a tal locura. Para unos sería un trastorno, para otros ofrenda, pero cerca de mi muñeca la cuchilla estaba lista para emprender su faena.

 

 

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