Testigo inútil

Yemila Saleh Fraile 

Soy el último de los míos. Nos han ido expulsando poco a poco. Primero fueron los que venían en busca de cacería, hechizados por el paisaje y la fauna. Luego llegaron los chalecitos para urbanitas estresados. Al principio, sólo eran unos pocos, pero al ver el éxito de semejante iniciativa, pronto llegaron decenas de hombres ambiciosos y con pocos escrúpulos que, legajo en mano y acompañados de sus hombres de la abogacía y de sus muchachos de la pasantía, convirtieron nuestro hogar en una urbanización gigantesca. Nada logró pararles, ni las protestas de los ecologistas, ni la huelga que organizaron sus maltratados obreros: se salieron con la suya. Si fuera capaz de hablar, contaría a un juez las barbaridades que he visto y escuchado, pero qué puedo hacer yo: sólo soy un pobre pichón. Y hoy parto en busca de otro bosque. Si es que queda alguno?

 

 

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