Testamento

Salomé Guadalupe Ingelmo · Madrid 

Temió que la huelga de transportes le hiciese llegar tarde a aquella cita impostergable con el hombre que durante su pasantía había sido su segundo padre. Pero allí estaba, justo a tiempo.
La sarmentosa mano del anciano le aferra con una insólita delicadeza. Tiene los ojos vidriosos, como aquel pichón que abatieron el día que se lo llevó de cacería.
-¡¨Serás el tutor de mi nieto?
-No seré tan bueno como tú, pero prometo hacerlo lo mejor que sepa.
-Enséñale lo que yo te enseñé. Enséñale por mí que ganar no es lo más importante. Que hay cosas que están por encima del dinero y el reconocimiento.
Se pregunta en qué momento los trajes caros y los coches de lujo ocuparon el lugar de los ideales que aquel hombre había sembrado en él.
-Por supuesto -responde ausente mientras intenta recordar la última vez que sintió algo al tocar un legajo.

 

 

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