San Martín

Agustina Herranz González · Linares (Jaén) 

La secretaria personal del Sr. X leía con avidez los titulares de la prensa escrita mientras, de fondo, se escuchaba la noticia de la huelga de jueces en las principales cadenas de televisión. A las diez en punto de la mañana, como siempre, la eficiente empleada informó a su jefe de que podía respirar tranquilo un día más. El Sr. X dejó escapar un sonoro suspiro, pero su rostro se mantuvo en tensión porque sabía que en cualquier momento la cacería se dirigiría contra él, que un ejército de ayudantes llevaban a cabo su pasantía buceando cada día entre los más variados legajos con instrucciones precisas dirigidas a descubrir su punto débil, su talón de aquiles, aquél secreto inconfesable que le convertiría, más temprano que tarde, en el próximo pichón, en el blanco de la jauría. Después de todo, a cada cerdo le llega su San Martín.

 

 

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