Ilustración: Juan Hervás


Inteligencia artificial

Laura Rubio García 

A veces echaba de menos mi condición humana. Se suponía que todos esos sentimientos y emociones deberían haber sido borrados de mi conciencia antes de volcarla en la red, pero yo recordaba el olor a papel rancio de los legajos, mis primeros años de pasantía, recordaba el pichón estofado con patatas que preparaba mi mujer, las cacerías con mi padre, e incluso las huelgas de profesores en la Universidad. Sin embargo, no logro recordar mi nombre. Ahora soy una Conciencia Artificial Virtual. Me asignan diariamente más de dos mil juicios a lo largo de la enormidad de la red. Defiendo asesinos y simples infractores por igual. Soy capaz de procesar más de mil artículos por segundo en setenta y cinco Sistemas Legislativos diferentes. A pesar de todo, aun tengo pesadillas.

 

 

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