Instintos básicos

Nuria del Peso Ruiz · Madrid 

En aquellos días, mis tres compañeros y yo formábamos el comité Robespierre y al pasante de turno lo apodábamos el Pichón. El prototipo habitual de Pichón era un muchacho apocado, con gafas, voluntarioso, pero con poca iniciativa y bastante ingenuo. Nos burlábamos de él con bromas y algunos escarnios, aunque nunca de muy mal gusto, todo hay que decirlo. Los cuatro habíamos pasado por esa situación humillante. Le hacíamos ordenar montañas de legajos que no servían para nada y lo mandábamos de cacería, pues por aquel entonces las ratas que correteaban por los sótanos tenían el tamaño de conejos bien criados. El día en que Elsa nos saludó con un sensual aleteo de pestañas al comienzo de su pasantía el comité Robespierre optó por la huelga indefinida.

 

 

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