Historias de Dalot

Juan Albaladejo Roca · La Coruña 

En la vieja corte de Justicia, el juez insistió nuevamente: -Monsieur Dalot, ¿insiste en mantener la inocencia del acusado? Este legajo está lleno de documentos que prueban lo contrario. Llevándose la mano a la solapa, el melifluo letrado hizo un breve movimiento de cabeza. -Señoría, nada acredita que este pobre diablo pueda haber cometido ese atroz delito; ¡se trata de una cacería emprendida por el Ministerio Público, que toma al acusado por un pichón que está dispuesto a comerse! -¡No le permito esa huelga de modales! ¡Debería volver a la pasantía! Dalot levantó entonces la cabeza, escudriñó la irritada figura del fiscal, y tras frotarse las manos, repuso: -¿Huelga, señor fiscal? ¡Las huelgas están prohibidas por Gobernación, son un delito! ¿No ve su señoría cómo se empeña el Ministerio Público en su particular cacería contra la defensa? ¡Aún no ha cobrado la cabeza del acusado y ya pretende la mía!

 

 

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