El pasante

Dania Witte Pértile · Madrid 

Entró casi temerosamente, como un pichón recién salido del nido. Aunque tenía la cara guapa, no parecía creérselo. Venía a hacer una pasantía, por lo que ni podría participar en nuestras huelgas, ni hablaría con los jueces o letrados. Su labor se reduciría a poco más que archivar legajos. Lo que no sabíamos es que había venido de “cacería” y que una a una íbamos a caer, irremediablemente, en sus redes.

 

 

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