El ingenioso letrado

Mencía Iagrtua Pascual 

En un juzgado de primera instancia, de cuyo número no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que ejercía un letrado de los de toga raída, legajo en mano y turno de oficio. Menús del día entre semana y alguna paella los domingos consumían gran parte de sus exiguos honorarios. El resto lo dedicaba a pagar arreglos y coderas de sus gastadas chaquetas, a llevar al tinte sus corbatas con lamparones y a pagar la letra de su coche viejo. Si cobraba algún pleito atrasado se daba el lujo de irse a una cacería de conejos con sus amigos del pueblo o a matar el gusanillo en el tiro de pichón. Trabajaba en su despacho una secretaria haragana que cuando no estaba de baja estaba de huelga y un licenciado aburrido que se eternizaba en su pasantía y que lo mismo le redactaba una demanda que le hacía de mensajero?

 

 

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