De máquina

Pedro Martín Hernández · Las Palmas 

Mamá pichón alimenta a su hijo hasta que adquiere la capacidad de volar. No marchará del nido hasta su total independencia. Entonces comienza la cacería. Pero eso, yo ya lo había pasado. Que duros aquellos años de universidad. Me encontraba sentado junto a mi mesa. A mi derecha un conjunto de documentos la decoraba. Había sido aceptado como pasante en una empresa de abogacía muy conocida. La pasantía no era remunerada, pero aprendería tanto, que al final valdría la pena. Además, con mi currículo seguro que sería contratado cuando esta finalizara. La curiosidad hizo que mi mano ojeara aquel legajo, pero solo alcancé a leer: “Los despidos habían provocado la huelga…”, cuando una voz me hizo levantar. – Eh tú, el nuevo- – Sí – le dije. Parecía ser el jefe de departamento. – El café me gusta sólo y con dos de azúcar.

 

 

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