Turno de Oficio

Antonio Alonso · Málaga 

¡Esto nunca ha sido negocio! exclamó Ramón, mirando frustrado el interior de su tienda. Aprendió el oficio de su padre y nunca tuvo valor para confesarle que quería ser abogado. Su padre no lo habría entendido, ¿Abogado? Con el asco que le daban. ¿Sabéis cual es el beneficio de vender un cirio? Ja! Ni eso, y sólo se venden en Semana Santa y a alguna «beatilla». Era inevitable, había que cerrar… Al menos lo había intentado. Su padre estaría orgulloso, o no. Cogió el periódico, resignado, su boleto de lotería, siempre el mismo número. Miró. Volvió a mirar. Le había tocado. Dos millones de euros. No se lo dijo a nadie. Cerro la tienda y se fue, desapareció. Siete años más tarde, en un Juzgado de Málaga, un letrado muy mayor se sienta en sala, nervioso, sonriente, su primer juicio. Ahora llegaba su turno…

 

 

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