Sexo, mochilas, burbujas

Carlos Linares · Málaga 

El Juez de Instrucción Hortigosa mostró con orgullo la Sentencia, señalando con el dedo índice el punto exacto donde se leía: “burbuja”. Sonrisas pícaras en los rostros de sus compañeros: “¡Qué coraje tiene!, ¡A la primera!”, exclamó la Jueza Salazar. El Decano leyó la frase completa en voz alta: “el acusado reconoce los hechos burbuja que se le imputan”. Procedió a recaudar lo apostado. A diferencia del resto, que durante todo el mes trataba de encajar la palabra asignada donde pudiera pasar desapercibida, él lo hacía a la primera. Probablemente por eso, según las encuestas internas, le consideraban el más valiente de todos los jueces. Otros pensaban que estaba loco. Los Secretarios copiaron la iniciativa con una dificultad añadida: ciertas palabras son muy difíciles de colocar en Diligencias de Ordenación y Decretos. El Secretario más veterano agitó la mochila y la ofreció al Secretario de turno, quien, azorado, leyó: “excitación”.

 

 

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