Secretos de familia

Javier de Pedro Peinado · La Alberca (Murcia) 

Recuerdo a mi padre en la sala de juicios. Su inconfundible voz, profunda y cadenciosa, llenaba la estancia, consiguiendo que todos los presentes se inclinaran inconscientemente hacia él, como si un hilo invisible tirara de ellos. La poblada barba gris y sus intensos ojos castaños completaban un conjunto casi hipnótico. Yo me acababa de incorporar al bufete y absorbía como una esponja las emanaciones de su talento, que derrochaba con temeraria generosidad. Cuando mató a mamá le defendí ante el tribunal y conseguí su absolución. Ahora vivimos juntos, pero yo no le he perdonado. Desde hace catorce años le mantengo encerrado en el sótano. Para evitar ver su rostro, introduzco la comida por la misma ventanilla por la que él me devuelve sus restos. Aún así, por las noches me despierto con frecuencia y puedo sentir sus ojos castaños mirándome, expectantes, a través de los muros de su celda.

 

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