Ruptura

Julio García · Madrid 

En teoría el bufete que compartíamos Jaime y yo tenía todas las papeletas para perdurar, como esos conjuntos incombustibles tipo Dúo Dinámico. Él alto y bien parecido; yo canijo y pusilánime. Él un formidable relaciones públicas, capaz de convencer al cliente de que vaya a juicio, aún con todas las de perder, y cargar al despacho cuentas exorbitantes de comidas y viajes. Yo pésimo orador, pero dispuesto a trabajar concienzudamente catorce horas al día, bebiendo un horrible café de recuelo para no dormirme. Quizás los celos me han consumido, pero sólo hay una vida y es ésta. Por la mañana me he acercado a la ventanilla del banco y limpiado la cuenta corriente del despacho, en billetes de quinientos. Lástima no ver su cara cuando haya leído mi nota: “Jaime. No te soporto más y tiro la esponja. Me largo a reflexionar a los mares del sur”.

 

 

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