Remordimientos

Remedios Atencia · Málaga 

Después del juicio, que tras tres sesiones concluyó por la tarde, regresaba a casa. A través de la ventanilla de mi coche vi que la Luna colgaba inmensa, teñida de rojo, caliente como un colegio mayor. No hay pruebas, no hay nada contra ellos. Los culpables están en la calle y mis clientes han pasado dos años en prisión provisional. Ya en casa, repasé un conjunto de notas que había tomado. Alejada de la frialdad del bufete, pensando como una ciudadana y no como una abogada, decidí no engañarme más a mí misma. Había ejecutado mi trabajo, sencillamente, y lo había hecho bien, muy bien. Yo no dicto las reglas de este juego. No puedo sentirme mal. Bajo la ducha, al pasar la esponja por mi cuello, ésta me susurró lo que yo ya sabía y me negaba a reconocer: “Fueron ellos, lo sabes. Los culpables estarán en la calle”.

 

 

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