La silla

Carlos Moro Valero · Boadilla del Monte (Madrid) 

Como cada mañana, abres la ventanilla, alzas la mirada, e iluminas mi mundo con tu sonrisa cómplice. Yo, desde mi silla, esbozo una tímida mueca y observo como tu coche se sumerge en el garaje del bufete. No son pocos los años que llevo redactando las sentencias desde el despacho de casa, ¿necesidad? Es posible, ¿comodidad? Es probable. Mi coquetería me lleva a anudar diariamente una corbata minuciosamente seleccionada, y ha sido con ese aspecto con el que tú, desde tu ventanilla, has conocido al hombre que contempla el devenir de la vida desde la silla de su despacho, absorbiendo, como si de una esponja se tratare, el conjunto de detalles que componen su juicio de la realidad. Te preguntarás que me ha impedido bajar a conocerte, ¿mi edad? ¿la tuya? No es descartable, ¿el miedo? Sería razonable. Giro las ruedas de la silla y suspiro.

 

 

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