El tatuaje

Lita Rivas Folgar · A Coruña 

Cuando llegué a aquella fiesta privada, me encontré con un conjunto de babeantes borrachos, que rodeaban a un tipo vestido con unas mallas, tacones, y pintarrajeado como una vieja vampiresa; mediana edad y empapado de alcohol como una esponja. Lucía un corazón rosa en la parte interna de la muñeca. Me lo llevé de recuerdo en mi cámara. Yo también bebí lo mío, así que en el trayecto a casa, saqué la cabeza por la ventanilla, para que me diera el aire y para dejar parte del alcohol por el camino. Al día siguiente tenía un juicio por fraude y malversación de fondos. Me fijé en el juez, un individuo de gesto agrio y mirada taciturna y en su muñeca, que apareció un segundo bajo su manga. Mi bufete todavía se pregunta a qué clase de triquiñuela legal echó mano aquel juez, para dar el caso por sobreseído.

 

 

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