El juez cirio

Francisco Javier Romero Valentín · Pinto (Madrid) 

Mi oficio no existe, no podría justificarse de ninguna manera. Es una ocupación tan peculiar… Cuando los jueces tienen que tomar una decisión complicada, hacen turno como colegiales a la puerta de mi casa. Después enciendo un cirio para cada uno de ellos. Y los contemplan con suma atención, casi con reverencia, como si en verdad estuvieran en la iglesia a la que originalmente estaban destinados. No es para menos, no hay mejor jurado posible que la cera. Si la vela arde por completo, el acusado es inocente; si se extingue en algún momento, es culpable. Y entonces el juez le condena sin la más mínima vacilación. No falla nunca, ni soplando; aunque el verdadero negocio está en cambiar las peculiares velas jurídicas por otras que no se apagan nunca cuando un acusado con recursos adquiere el boleto que vuelve ciego mi sentido de la justicia.

 

 

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