Camaradas caídos

Eduardo Esquide de Torre · Logroño (La Rioja) 

“Llegó tú turno…” anunció fríamente, arrojando a la cara de su próxima víctima el fatídico boleto que le convertía en el siguiente desgraciado de su macabra lista.
El condenado, arrodillado, lo cogió tembloroso y lo quemó con la llama del cirio que iluminaba la estancia. “Estás loco; sólo son negocios” acertó a sollozar.
“Sólo negocios” repitió absorto el verdugo, al tiempo que, con lentitud infinita, alzó el revolver y desganadamente disparó una, dos, tres…hasta seis veces, dejando un cadáver donde un instante antes había un camarada.
Décadas después, homenajeado por su Ilustre Colegio en sus bodas de plata como abogado de oficio, pronunció un breve y emotivo discurso recordando a varios compañeros tristemente fallecidos. “Con todos ellos coincidí –terminó- y eran grandes letrados, mucho mejores que yo…Salvo por un detalle; yo sabía ocultar mejor las pruebas”. El auditorio, entre risas y alguna lágrima, le dedicó una rendida ovación.

 

 

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