Adrenalina
José Agustín Navarro Martínez · AlicanteSeptiembre de 1988. Un estudiante de Derecho me sacude varios mamporros. Cuando consigo zafarme, me refugio en el bufete. Allí me espera una letrada. Lleva puesto un sugerente conjunto de ropa interior. Me giro y … Maldición. El fiscal con el ojo de vidrio me persigue. Corro. Salto. Me alcanza. Una bocanada de su aliento me desfigura la cara. Mi corazón se esponja y pienso: definitivamente, mi vida no es un picnic. Por fin, reacciono y llamo a los criminalistas mercenarios. Sólo ellos pueden conducirme por el pasadizo secreto hasta el vertedero de expedientes. Por aquí, me dicen, pero la única ventanilla está cerrada. Aporreo el cristal. Demasiado tarde. El fiscal me clava por la espalda un abrecartas y muero desangrado. Miro el reloj. A las once comienza el juicio. Todavía tengo tiempo. Suelto el joystick, me rasco el bolsillo y echo otra moneda.
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I still think about those Submariners and Daytonas (I am only human). There is no «one watch to rule them all» in my fickle enthusiast’s mind. But as prices climb and my priorities shift, I feel satisfied with my decision should I never have the opportunity to own another Rolex. This piece will surely look as timeless on my wrist 50 link years from now as it does today.