Imagen de perfilPATRIMONIO FAMILIAR

José Miguel Perlado Villafruela 

La vista se celebró en la biblioteca del juzgado, porque la sala estaba en obras. Se retiraron las mesas a los lados dejando hueco al tribunal, en una posición de privilegio, al fondo, y luego acusados, testigos y ponentes, quedando únicamente un libro abandonado en una esquina, un olvido.

El caso era un robo de joyas familiares, acumulados durante años hasta sumar un patrimonio fabuloso.

Primero se acusó a una criada, harta de la estirada de su señora. Luego a unos sobrinos balas perdidas, necesitados de financiación para sus vicios. Luego al marido, cuyos negocios se hundían. Sabía que las joyas eran herencia de su mujer, que las consideraba intocables.

Total, toda la familia sentada en el banquillo.

La abogada de la acusación particular, la sobrina preferida de la víctima y de su total confianza, argumentaba arremetiendo contra todos ellos.

Su cuello cerrado ocultaba el collar que siempre quiso tener.

 

 

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