Imagen de perfilLa sombra de Maquiavelo

Ana Díaz-Castellanos Piquero 

Sin llegar a ser un jurista de reconocido prestigio, como abogado con una dilatada carrera sabía que en aquella situación se procedería al decomiso de los bienes de mi cliente.

Mi cliente, Roberto, era un soñador, un tipo con autoconfianza que había diseñado plan, en el que la avaricia le había llevado demasiado lejos.

Su mente le convenció que conseguiría involucrar a distintas personas en aquella trama que culminaría en la realización de su sueño. “Esa fantasía, esa alteración de la realidad me evadiría de mi mediocridad y diseñaría mi futuro”. El fin justificaba los medios.

El juicio oral se celebró entre una gran presión mediática. En todos los años de carrera no había vivido algo parecido.

Cuando finalizó la vista, Roberto abandonó la sala, advirtiendo que necesitaba respirar. Su testimonio había acabado con sus ideales y la sombra de Maquiavelo azotaba sobre su cabeza. Maquiavelo, Maquiavelo, Maquiavelo…

 

 

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