Sofía

Mario López Muñoz · Valencia 

Se llamaba Sofía, era abogada, yo la amaba y ahora esta muerta. Ella siempre defendió la fuerza y la importancia de la justicia, hasta hoy. Yo llevaba pintura en la cara y entre con mucha prevención por la puerta. Descansaba en el sillón, con su roja melena durmiendo en el hombro, bebía chocolate. A la segunda cuchillada el olor dulzon del cacao desapareció. En la noche la nieve caía sin misericordia, comencé a cavar. Su cuerpo cayo con un ruido sordo, inaudible excepto para mí, y yo?yo lloraba. Deje caer una copia de la constitución sobre su cuerpo, lo hubiera querido así, ella creía en la justicia. Nunca pude soportar que estuviera tan engañada, ella que siempre me hablo de la justicia y su eficacia. Quería llegar alto, ser magistrado o algo así. Ya no lo será, nunca sospecho que yo fuera un asesino, pobre Sofía, pobre mama.

 

 

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