Señoría y IV

Eduardo Morena Valdenebro · Madrid 

Su señoría recorría a hurtadillas el domicilio precintado de la mujer del cuadro cuya pintura aún estaba fresca. Debía eliminar pruebas. Si le incriminaban lo perdería todo: posición, familia… Debido a la huelga de forenses supuso que el cuerpo seguiría allí. Al abrir la puerta de la habitación fetiche el corazón casi se le para, como cuando le pillaron copiando los artículos de la Constitución. Aquel pálido cuerpo colgaba inerte de cuatro grilletes. Reprimió un grito. Y mientras contemplaba absorto su propio cadáver una mano le toco el hombro: ¡Magistrado! Despertó temblando, su esposa en toga de cuero asomaba divertida un ojo tras la cinta de raso. Levantaba dos copas de champán y agitaba graciosamente una fusta. Parecía una diosa. ¡Felicidades señoría! – gritó – Inhaló aquel perfume conyugal profundamente aliviado y, en prevención, se juró que jamás volvería a hablar de trabajo en casa. Era Navidad, fuera caía la nieve.

 

 

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