Se quedó helado

Blanca Rego Constela · Barcelona 

Con los primeros rayos de sol de una mañana de primavera, cuando empezaba a deshacerse la gruesa capa de nieve que cubre las montañas en invierno, emergió el magistrado. Había desaparecido durante una tempestad en diciembre de 1.988 y ahora resurgía en el río, 20 años después, convertido en un cubito de hielo de dimensiones humanas. Su constitución no había cambiado, al menos al compararla con la pintura que colgaba antiguamente en su despacho; un retrato con cierto valor sentimental y ninguno artístico. “Lo que hace falta es prevención”, dijo el portavoz de la policía a la prensa. “No queremos que vuelva a morir nadie en esas circunstancias, y mucho menos encontrarlo dos décadas más tarde”. Esa misma noche, cuando consiguieron derretir el témpano, el magistrado abrió los ojos, pidió una toga seca y se dirigió al juzgado como si no hubiese pasado nada. El forense se quedó helado.

 

 

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