Rojo Bermellón

Jose Antonio Botella Muñoz · Regensburg (Alemania) 

El inspector entró en el despacho y, entre el destello de los flashes, reparó en la cantidad de sangre que había llegado hasta el cuadro situado detrás del escritorio. Los ríos estampados de rojo bermellón añadían un toque escabroso a la pintura que habría querido representar sólo unas cumbres sencillas cubiertas de nieve. Alguien había abierto la ventana para ahuyentar el perfume que deja la muerte después de besar certera a quien visita. En el sillón, el cuerpo del magistrado se había retorcido hasta adoptar una postura imposible, con los ojos muy abiertos y chorreando miedo por la boca. A su lado, encontraron un ejemplar de la Constitución abierta por el capítulo ocho y, en el suelo, un manual de Prevención de Riesgos Laborales donde unos desalmados acababan de añadir el capítulo referente al peligro de ser juez en una tierra imposible.

 

 

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