Nieve artificial

Claudia Munaiz · Madrid 

“¿Podría decirnos, si es tan amable, su nombre y el cargo que ostentaba en la empresa?”, pregunta el magistrado. -“Julián García, técnico en prevención de riesgos laborales”, contesta el hombre. -“¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad? Si es así, ponga la mano sobre la Constitución y diga -lo juro-«. -“Lo juro”. -“¿Podría, señor García, relatarnos lo que vio la tarde en la que desapareció el cuadro “Belleza en la nieve”, de Otto Estrada y valorado en más de doscientos mil euros?”. -“Sobre las ocho y media vi el cuadro en el despacho del jefe. No había nadie más. Entré, lo descolgué y me lo llevé”. -“¿Cómo dice?”. Confiesa entonces haber robado el cuadro? -“No. Yo sólo cumplía órdenes de allá arriba”. -“¿Ah sí?, y qué órdenes fueron esas, señor García?”. -“No volver a ver al jefe esquiando ni en pintura. Pura prevención, ya sabe”.

 

 

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