Justicia Ciega

Vicente Küster · Valencia 

Oigo sus pasos a lo largo del pasillo que conduce a la sala. El sonido preciso de sus zapatos repiqueteando contra el suelo le delata. Un murmullo de gente espera: amigos, familiares, testigos, magistrado, curiosos. Tal vez sea éste el último juicio –presumo– mientras me viene a la mente la pintura Il Giudizio Universale de Miguel Ángel, colgada de la pared del salón donde escribía mi padre. Por fin aparece el letrado. Excéntrico, siempre impecable, con ese aplomo que da la experiencia y con la ilusión renovada de un niño con zapatos nuevos. Otra vez esos zapatos… si me topara con ellos en las antípodas, seguro que los reconocería. De pronto, toda su magia se desvanece. Al aproximarse al estrado, tropieza y cae de bruces. Toda prevención es poca. Veremos qué ocurre. Boston, mi fiel lazarillo, no pierde detalle. Fuera, en el Paseo de la Constitución cae la nieve.

 

 

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