El reencuentro

Joan Béjar González · Badalona (Barcelona) 

El fiscal que tenía tatuada una letra F con caracteres góticos en el trasero, aún sentía un odio visceral por el perito mercantil. Compañeros de pupitre en el colegio, siempre que en el comedor hubo verdura le obligó a que se terminara su plato y que luego se lo agradeciera de rodillas, dándole un beso en la mano. Ocultos tras máscaras de cuero, esa noche no se reconocieron en el local sadomasoquista.

 

 

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