El orden mundial

José Ignacio Señán Cano 

Antes de la constitución del orden mundial, se reunió Dios con su gente y determinaron que esto era un caos. – “Un caos provocado por los economistas, que ya sabéis como son”, dijo. Se planteó que había un grupo de magistrados dispuestos a solucionar este caos, impartiendo justicia a diestro y siniestro, cobrando lo justo, en semanas de 35 horas, con un par de secretarios a jornada completa, y en febrero una semanita para esquiar en la nieve. Hubo bastantes reticencias, tanto por la prevención que los magistrados provocaban en algunos de ellos como por las condiciones que planteaban, ya que había gente que no podía verlos ni en pintura. Tras dos horas de discusión Dios decidió dar un voto de confianza al citado gremio, y les encargó la solución de los entuertos. Y hasta ahora, que aún están decidiendo quién ocupa este o aquel tribunal.

 

 

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