El ladrón violado

Roberto López Vargas · Leganés (Madrid) 

Cuanto más avanzaba en la lectura del informe del fiscal, mayor era mi desconcierto. Había defendido a todo lo defendible: a una mujer que sodomizó a su marido con un pepino, a un “desvergonzado acosador”, como lo definió la mojigata que lo denunció por lanzarle un beso a modo de piropo… pero lo que detallaba letra a letra el perito en el anexo de aquel escrito era esperpéntico y alucinante a un tiempo. En el fondo, era imposible no sentir compasión y empatía hacia aquel yonqui de poca monta. ¿Quién no la sentiría? Ir a atracar una farmacia y que la dependienta acabe reduciéndote, atiborrándote a viagras y “exprimiéndote como un limón” durante tres días hasta convertir tus partes pudendas en tomates que añadir a un buen guiso de verdura… Al final, más que desconcierto o compasión, también yo acabé dolorido sólo de pensarlo.

 

 

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