El bar

Lorena Bueso Izquierdo · Granada 

Ramiro jugaba incesantemente a las tragaperras meditando cómo pagar la última letra del coche y evitar la demanda del concesionario. En la barra, el fiscal limpiaba con esmero los restos de verdura adheridos a su imponente bigote. Mientras, Marisol removía con parsimonia su descafeinado y pensaba en el beso que el perito del Caso Callejas le había plantado a la salida del juzgado. En el suelo se acumulaban servilletas, colillas y huesos de aceituna rebozados con el serrín esparcido a primera hora de la tarde. La radio anunció el boletín de noticias de última hora: militares armados habían entrado en el Congreso disparando al grito de¡€™¡quieto todo el mundo!?. La rutina del bar quedó paralizada y el ambiente se hizo denso, casi irrespirable, como un acusado a la espera del veredicto. Ni siquiera Ramiro se inmutó con el tintineo de monedas que anunciaban las tres manzanas en línea.

 

 

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