Desastre

Jesus Fornis Vaquero 

Soy un desastre. No he terminado de pagar la tercera letra del coche, y ya tengo a un perito evaluando si este pedazo de chatarra cubierto de frutas y verdura es merecedor o no de ser considerado siniestro. Yo iba conduciendo. Venía de recoger a mi chica, una fiscal que trabaja en el Tribunal de Cuentas, cuando la vi. Pelo largo, piel morena, piernas de vértigo y un vaivén de cadera que marcaba cada latido de mi corazón. Ella me miró y, de forma insultantemente provocadora, me tiró un beso. Me quedé embobado y no vi el camión que salía de la frutería. Ahora, liado con todo el papeleo del seguro mientras escucho los gritos de mi novia, sólo me pregunto una cosa: ¿Cómo he podido perder la oportunidad de pedir el teléfono a esa preciosidad? Soy un desastre.

 

 

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