Arte abstracto

Isabel Rodríguez Madrid · Córdoba 

Cuando por fin pude sacar al magistrado de la galería de arte pude respirar aliviada. Todos le miraban atónitos. ¡¨Quién es ese energúmeno?, ¡¨cómo se atreve a decir que eso no es arte¡€™-Arte y un cuerno, son solo extrañas manchas níveas-. Dimos dos vueltas en silencio por la plaza de la Constitución, seguramente le calmaba los nervios retrasar la llegada a casa. Yo no había despegado los labios en prevención del soliloquio que se avecinaba: primero no te gusta ese pintamonas, segundo no piensas dejar que la niña de tus ojos se case con semejante sujeto. El primero en dar la voz de alarma fue el vigilante del parking que se lo dijo al botones, este corrió en busca del secretario. Un cuarto de hora más tarde todos los empleados del juzgado estaban delante del Jaguar de su señoría, ridículamente tuneado con máculas de pintura blanca como la nieve.

 

 

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