Abogado del diablo

Carlos Talamanca López · Madrid 

Cuando el cliente entró en la sala dejó un leve olor a azufre, suavizando la peste a pintura del despacho nuevo. La nieve de la cornisa se derritió, pero al abogado le pareció normal: el sol empezaba a asomar aquella mañana. Era un caso difícil, según el magistrado que se lo asignó. Como prevención, había estudiado el dossier, aunque era extrañamente confuso. Cuando el cliente habló, sus palabras denotaban una sabiduría fuera de lo común. Sin embargo, la acusación era grave: instigar los peores crímenes de la historia. En fin, tenía derecho a un juicio justo y a un abogado, en virtud de nuestra Constitución. El letrado no se explicaba que constasen varios nombres en el informe y el cliente le invitó a llamarle ¡®Legión¡¯, haciendo referencia a todos los demonios que habitaban en él. Perfecto. La alteración psíquica de la que hacía gala era, como poco, una circunstancia atenuante.

 

 

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