Imagen de perfilVIDAS CRUZADAS

Rosalía Guerrero Jordán 

A menudo nos llevábamos el trabajo a casa, y allí continuábamos discutiendo sobre los casos. Harta de tanta confrontación conyugal tomé la resolución de largarme sin mediar palabra. El despacho, atiborrado de expedientes, se convirtió en mi hogar, y el viejo sofá de terciopelo desgastado en mi lecho.
La otra alternativa hubiera sido alquilar un piso, pero esperaba una pronta reconciliación. Acostumbrados como estábamos a argumentar y negociar, no debería ser difícil llegar a un consenso.
En efecto, una semana después vino a verme. Prometimos dejar los sumarios lejos del hogar, pero para esquivar tentaciones debíamos evitar que nuestras vidas se cruzaron en los juzgados.
Hoy celebramos su nuevo destino como fiscal en un juzgado mercantil. Mientras tanto, yo me encargaré de la defensa de menores y personas migrantes.
Es la mejor manera de que solo nos crucemos en casa.

 

 

 

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