Imagen de perfilEl derecho natural

Cristina Griéguez Álvarez 

Empezaba la primavera. El sol resplandecía más que nunca, tanto que sentí que me llamaba desde el jardín. Dejé los libros y salí. Me puse a regar mis plantitas. Un pájaro se posó en uno de los naranjos en flor y me cautivó con su canto. Vinieron más a hacerle los coros.

De repente, me vi en un cuadro y era mi abuelo quien estaba al otro lado del marco, con su pincel en la mano; la brisa me susurró su nombre. Debía volver al estudio, pero no me apetecía entrar. Una pena me invadía el alma…

¿Por qué la gente comete delitos contra la naturaleza? ¿Por qué atentar contra ellos mismos? Entonces lo entendí y antes de darme cuenta, me encontraba en mi escritorio, metida en mis libros de derecho: como abogada verde tendría las armas para defender la vida que mi abuelo amaba y me enseñó a amar.

 

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