Imagen de perfilEl encuentro

Ceferino Gómez Delgado 

Estaba empezando a disfrutar del fútbol con mi bolsa de palomitas cuando la repugnante loción de afeitado del fiscal Nogales invadió mis pituitarias, obligándome a volverme de mi butaca y atenderle:
– Está en el palco el Rey, quiere saludarte.
– Ahora no estoy trabajando, déjame ver el encuentro, le contesté.
– Quiere contratarte para que defiendas a su cuñado.
Me puse pálido y comencé a balbucir palabras inconexas mientras Nogales ya me arrastraba escaleras arriba hacia el palco de honor del estadio.
Una vez sorteado toda una fauna de correveidiles, aduladores, guardaespaldas y demás miembros del zoo monárquico, al fin saludé a su majestad, el cual en un aparte me solicitó mi teléfono y los datos de mi bufete.
Una escalofriante entrada del defensa central me devolvió al partido dejando al monarca con la palabra en la boca.
Con sobresalto desperté y me prometí no volver a cenar copiosamente.

 

 

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