Mi sueño, mi pesadilla

Ana Rodríguez Suárez 

Cada vez que yo lo veía sentía que quería ser como él, que yo también quería pasarme las horas entre papeles cual explotación, recibiendo importantes llamadas y haciendo lo que más quería en el mundo. Siempre que me acercaba a su despacho, me invadía un olor a libros viejos que hacía revivir mi deseo de ser como él, de tener un cartel dónde luciera orgulloso mi apellido. Podía pasarme el día entero viendo cómo indagaba en una pila de ficheros que tenía sobre su mesa. Observando cómo llegaban numerosas personas buscando su ayuda. Mas la sentencia de nuestra vida, quiso que yo, un triste abogado sin futuro, sentado frente a su despacho contemplara lo que cesó de ser mi táctil realidad, cómo el que había sido mi profesor, mi modelo a seguir, mi hermano, me había quitado todo lo que quería, un oficio, un despacho, una vida, mi vida.

 

 

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