La Ingrata Labor Del Abogado

Angel Tormes Alberdi · Donostia - San Sebastián 

Era como si llevara pegado en la frente un cartel rotulado con la palabra profesor: cabello desordenado y prematuramente canoso, cejas pobladas, gafas desfasadas cuyas gruesas lentes resaltaban más si cabe unos ojos de mirada inquisitiva ya de por sí saltones, rostro enjuto avejentado, y hablar conciso pero preciso. Buscaba asesoramiento para legalizar y proceder después a la explotación de una patente. El invento de su vida, treinta años de privaciones y plena dedicación para ofrecer al mundo un avance abismal. Esperaba ilusionado mi sentencia estimatoria y me pidió consejo sobre los pasos a dar cuando terminé de revisar la documentación. Debería usted trabajar algo menos, le dije, ya sabe, trabajar para vivir y no vivir para trabajar… ¿Qué quiere decir, abogado? Lo siento mucho, concluí sacando mi teléfono y manipulando su pantalla para sorpresa, asombro y decepción de mi cliente, la tecnología táctil no es ninguna novedad.

 

 

 

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