Justicia Divina

Teresa González · Puertollano (Ciudad Real) 

Fue el día más ceniciento, cuando la profesora me suspendió un examen del último curso de Derecho. Mi compañero sugirió que hiciera prácticas en el bufete de su padre. Aquella explotación supuso no tener tiempo. Por lo que los escarceos táctiles con mi novia se redujeron a los fines de semana. La empecé a notar distinta. Hasta la noche que me personé de improviso en su apartamento. Creí que él era mi mejor amigo… Ella me miró con los ojos grandes y asustados. ¡l me sonreía como si hubiera que aplacar a un animal. Yo disparé. La sentencia condenatoria fue: pena de muerte. Recuerdo un cartel donde se proclamaba la noticia, y al picapleitos que me defendió. El indulto nunca llegó. Aquí todos los días son negros. Desde el Purgatorio, veo a los dos consumirse en el fuego eterno. San Pedro lo ignora, pero me siento en el Paraíso.

 

 

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