SEDUCCIÓN

Julio García Castillo · MADRID 

“Este juez es peor que un nublado, lo sé por experiencia”, bromeas“. “Dirás más que un nublao, pedantuela”, te corrijo. Ríes, abriendo tanto la boca que vislumbro un puente en las encías superiores. Te quedas muy seria: “Vale, pero matices aparte aborrece a los traficantes. No piensa declarar inocente a tu cliente”. “Bonito pareado y gracias por la información”, suspiro acariciándote la espalda, “¿me ves entonces sin recursos?”. “Claro que no, me lo has demostrado esta noche”, te ruborizas, “pero será mejor que él no se entere”. La conversación me incomoda. Enciendo un cigarrillo y miro al techo. Ella besuquea mi cuello, pero la noto tensa: “¿No te habrás acostado conmigo para que influya en la sentencia?”. “Si así lo crees, estás a tiempo de darme calabazas”, me arriesgo. Trago saliva. Me juego más que una minuta. Me juego la vida de su marido.

 

 

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