La gran calabaza

Juan Ignacio Gomar Sanchez · MADRID 

Soy inocente. Esas fueron las primeras palabras de mi cliente cuando le conocí. No se preocupe, presentaremos recurso, le dije. El comenzó a hablar. El día estaba nublado y quedaba poco para el puente de Todos los Santos. Entonces, mientras le miraba, empecé a pensar que su cabeza tenia forma de calabaza. Poco a poco fui visualizándola. Igualita que una calabaza de “Halloween”. Con su boca y sus ojos cortados en línea de sierra. Casi parecía que tuviera una vela encendida dentro. Mientras tanto, el hablaba y hablaba, pero, la verdad, yo no le escuchaba, solo veía una gran calabaza. Entonces se quedó mirándome fijamente y se calló. Nos observamos en absoluto silencio. No se porque, pero le sonreí. El agachó la mirada y pareció sonrojarse durante un fugaz instante. A continuación levanto la vista y dijo: “bueno, mejor le cuento la verdad, a ver que puede usted hacer”.

 

 

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