Invierno suave

Pilar Gil Guijarro · Madrid 

Cliente inocente, ayer condenado, no cabe recurso, sentencia firme. Profundo dolor, de alma, de cuerpo. Colgaré la toga. Con las primeras lluvias, la primera crecida, me llegaré hasta el puente, arrojaré la toga al río, al aire, como una capa alada y como un trapo negro la arrastraran las aguas pardas. O armaré un espantapájaros con cuatro tablas, por cabeza una calabaza, los ojos abiertos, pintados con largas pestañas, sobre los hombros la toga bordada, sin puñetas, amarrada a la cintura con una cadena, a merced del viento. O el primer día nublado y nevado, haré un muñeco de nieve, la cabeza formada y redonda, el cuerpo, en contraste, abrigado por la oscura toga y por nariz, una zanahoria, larga, mentirosa. Dice el hombre del tiempo que este invierno será suave, benigno, cuatro gotas, sin viento, sin nieves.

 

 

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