HERENCIAS

BEGOÑA GUTIɐRREZ TORRES · OVIEDO 

Amanecía un lunes más, nublado como casi todos los anteriores y los que seguirían en otro de esos inviernos largos y fríos sólo reservados a las ciudades del norte. Desde la ventana de la cocina miraba distraidamente el habitual ajetreo matutino del puente que une las dos orillas del río mientras trataba de prepararme un café bien cargado. No podía concentrame en nada serio y aunque intentaba convencerme de que era absurdo, no había pegado ojo en toda la noche dándole vueltas al maldito recurso que me habían planteado en un arduo y farragoso pleito hereditario que ya duraba demasiado. De verdad, resultaba agotador, muchas veces pensé que sería imposible llegar más lejos y siempre me equivoqué, así que mi inocencia volvió a ponerme a prueba, ¿quién aprovecharía la calabaza que accidentalmente había nacido y crecido en una de las fincas incluidas en la partición? Todos la querían y ¡ya!.C

 

 

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