El concepto de uno mismo

MERCEDES VIVANCO AVILA · MADRID 

Mi cerebro no podía admitir la idea de que pudiera darme calabazas. Imposible. Yo: atractiva, con buen cuerpo y buen puesto de trabajo. El: ni feo ni guapo, barriga incipiente, nulo estilo en el vestir y abogado de causas perdidas. Era un hombre de aspecto inocente, reservado, como si guardara un secreto inconfesable. Me había enamorado de su misterio, de sus pocas palabras. El cielo estaba nublado y le esperaba en el puente que los dos conocíamos. Tras unos meses saliendo sin orden ni concierto, le iba a plantear una relación más seria. Iba a agotar mi último recurso. Llegó tarde. No sé cómo aguanto esto a nadie, pensé yo. Se acercó, me besó en la mejilla y me dijo: me alegro de que hablemos……tenemos que dejar de vernos. ¿Queeeé? dije petrificada. Tras unos segundos eternos, anunció: Mi mujer ha salido del coma.

 

 

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