El artesano

Alberto Artaza Varasa · A Coruña 

Tras 15 años en prisión volvieron a juzgarle. Un recurso postrero le tendió un nuevo puente hacia una esperanza que ya no albergaba. Los primeros años había enloquecido sabiendo que afrontaba una cadena perpetua por un delito no cometido. Ahora, la posibilidad de la libertad le aterraba. Allí dentro era alguien. Tallaba calabazas y se las vendía a las tiendas del lugar. Halloween era su temporada alta; no daba abasto a servir pedidos. Se engañaba a sí mismo y a su ansiedad diciéndole a los demás que lo suyo era imposible, que no tenía opciones. Cuando le comunicaron que había sido declarado inocente y que su salida era inminente, el pánico arreció dentro de él. Lo encontraron colgado en el patio una mañana nublada. En su rostro, una extraña expresión, mezcla de pánico y melancolía. La misma que tenía la última calabaza que había dejado tallada en su celda.

 

 

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