Bajo el puente

Alfredo Casquero Algarra · Madrid 

Bajo el puente, apenas resguardado del frío y del nublado día, preparaba sopa de calabaza, entre las ratas que, ateridas también por el gélido amanecer, se acurrucaban inertes a un lado de su pierna. Dos años pasaron desde que decidió abandonar su despacho, cancelar todas sus cuentas, repartir el dinero entre los más necesitados y romper en mil pedazos las escrituras de todas sus propiedades. Rechazaron el recurso. Su hijo era inocente de asesinato, aunque no de robo con fuerza. Pero fue posteriormente condenado y ejecutado. A nadie se le escapaba la inquina del que durante mucho tiempo fue considerado como el mejor y más afortunado abogado penalista y el hombre más rico de la isla. Cuando lo encontraron la sopa de calabaza era una amalgama negra, que, mezclada con los restos de la ropa carbonizada, producía un olor entre dulce y repugnante. Las ratas habían huido. También su delirio.

 

 

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