Visto para Sentencia

Ricardo Saiz Gómez · Madrid 

La vi en el estrado, con sus grandes ojos de mermelada clavados en él que le sostenía avergonzado la mirada, ofreciendo darse como una fianza para conseguir una segunda oportunidad . No había palabras ni gestos, todo era aparentemente normal en la sala, pero en el silencio de ambos, un hilo les unía. La abogada no perdonaba al juez que esa noche se hubiera dormido como una marmota.

 

 

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