Pelos y señales

Manuel Pablo Pindado Puerta · Leganés (Madrid) 

Se lo conté todo a Pilar, con pelos y señales, de abogada a abogada. Tenía que contárselo a alguien. Lo que le hice, lo que me hizo. Cómo caí después dormida como una marmota, su cuerpo desnudo al despertar, sus tatuajes, aquella melena rebelde. Dios mío, Pilar, esa no era yo, cómo pudo ocurrir. Ella me sonrió. Yolanda, cariño, debes enfocarlo de una manera profesional. Piensa que esa habitación fue un juzgado, y esa cama un estrado donde tú eras la acusada. Tus móviles fueron el aburrimiento y la rutina, tu fidelidad a Carlos fue la víctima. ¿Se ha enterado él? ¿No? Entonces has salido libre, alégrate, pero te han impuesto este remordimiento como fianza. Entonces recordé un detalle, algo que no encajaba: ¿Y lo de la mermelada? Pilar cerró los ojos, repasando mentalmente los detalles mi historia, y suspiró. Ah, la mermelada, Yolanda, sólo pudo ser un atenuante.

 

 

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